Tiuque
Ahí estaba... silencioso, muy silencio, como esperando la muerte sin más, con total resignación. Por su tamaño no tenía más de semanas de haber roto el cascarón y para su mala suerte, se había caído del nido. Aturdido y como en un último acto de supervivencia se metió en un hueco, seguramente asustado por el ladrido de los 7 perros que rondan mi casa. Nos estudiamos unos momentos. Al verme su actitud cambió, como si su propia naturaleza lo obligara a mostrarse fuerte. -No te acerques- me exigió, así que preferí abandonar la idea de tomarlo con mis manos desnudas y llamé a la única persona que tendría el valor de salvarlo: mi madre. Cuando lo vio, inmediatamente supe que esos dos se complementarían bien. Sin decir nada, se colocó sus guantes y lo tomó. El pájaro graznó levemente, pero no la atacó. Todo un éxito para la primera parte de la misión. Lo dejamos en un dormitorio con las ventanas abiertas, esperando que no se volviese a caer si intentaba volar. Sabíamos que e...