Tiuque
Ahí estaba... silencioso, muy silencio, como esperando la muerte sin más, con total resignación. Por su tamaño no tenía más de semanas de haber roto el cascarón y para su mala suerte, se había caído del nido. Aturdido y como en un último acto de supervivencia se metió en un hueco, seguramente asustado por el ladrido de los 7 perros que rondan mi casa.
Nos estudiamos unos momentos. Al verme su actitud cambió, como si su propia naturaleza lo obligara a mostrarse fuerte.
-No te acerques- me exigió, así que preferí abandonar la idea de tomarlo con mis manos desnudas y llamé a la única persona que tendría el valor de salvarlo: mi madre.
-No te acerques- me exigió, así que preferí abandonar la idea de tomarlo con mis manos desnudas y llamé a la única persona que tendría el valor de salvarlo: mi madre.
Cuando lo vio, inmediatamente supe que esos dos se complementarían bien. Sin decir nada, se colocó sus guantes y lo tomó. El pájaro graznó levemente, pero no la atacó. Todo un éxito para la primera parte de la misión.
Lo dejamos en un dormitorio con las ventanas abiertas, esperando que no se volviese a caer si intentaba volar. Sabíamos que estaba listo para ello y pasamos a la segunda etapa de la misión: conseguirle comida.
Primero fueron gusanos que me tomaba horas encontrar y los que engullía tan rápido que no hacían valer mi esfuerzo. Luego me miraba como si fuera la persona más inepta del planeta, diciéndome: -¿Esto es todo?- mientras abría el buche para que siguiera alimentándolo. Un poco molesta, tomaba una jeringa y le metía agua para calmar su hambre, tratando de atragantarlo en ocasiones, debo admitirlo, es que me desesperaba su actitud altiva, como si fuera el rey del mundo.
Lo dejamos en un dormitorio con las ventanas abiertas, esperando que no se volviese a caer si intentaba volar. Sabíamos que estaba listo para ello y pasamos a la segunda etapa de la misión: conseguirle comida.
Primero fueron gusanos que me tomaba horas encontrar y los que engullía tan rápido que no hacían valer mi esfuerzo. Luego me miraba como si fuera la persona más inepta del planeta, diciéndome: -¿Esto es todo?- mientras abría el buche para que siguiera alimentándolo. Un poco molesta, tomaba una jeringa y le metía agua para calmar su hambre, tratando de atragantarlo en ocasiones, debo admitirlo, es que me desesperaba su actitud altiva, como si fuera el rey del mundo.
Más tarde y para mi total felicidad, descubrí que la carne molida era tanto o más nutritiva que los gusanos que se retorcían cuando los sacaba de la tierra y que, honestamente me daban un poco de pena, así que en cuanto comprobé su efectividad, cambié su dieta y dejé de perder horas buscándole alimento.
Con el paso de los días, me fui encariñando con ese animal petulante y hostil. Me recibía aleteando y abriendo el buche desesperado, cada vez más grande, con garras más peligrosas. Nunca le perdí el miedo, aunque el cariño y mis ansias por verlo volar y libre, se intensificaron con el tiempo.
Después de unos días tuve que dejarlo y mi madre se encargó de él.
Le preguntaba por Tiuque y me decía que estaba igual, que recibía el alimento y que estaba intentado volar, que se encaramaba de los muebles y se tiraba, sin más. Jamás se rindió. Entonces entendí que era su forma de pagarme. Viviría, volaría y se iría lejos para nunca volver.
Y así fue. Un día desapareció sin dejar rastro.
Mi madre sostuvo mucho tiempo que volvía. Veía a Tiuque por aquí y por allá, rondándola y más cerca que cualquier otro tiuque. Estaba segura que la acompañaba cuando salía a caminar, que tenía su nido en los árboles colindantes y que de vez en cuanto incluso la llamaba, como saludándola.
No tengo la certeza de que haya pasado, pero me agrada imaginar que aprendió a volar y se quedó un tiempo con ella. Y a diferencia de los campesinos, hoy me gustan mucho los tiuques y cada vez que veo uno, recuerdo al que cuidamos.
Una vez escuché a alguien decir: "Nunca se interpongan en el camino de alguien que sabe lo que quiere". La fuerza de la determinación es increíble cuando crees sin titubeos que eres capaz de lograr algo. Creo que al igual que Tiuque, nosotros nacemos con esta misma determinación de vivir y lograr nuestros sueños, sólo debemos ser tenaces y creer que podemos, es así como logramos finalmente aprender a volar.
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